TECNOESPACIO

Expresión y tareas

Viaje al centro de una escuela

Hace unos cuantos días, tuve la fortuna de asistir a una escuela primaria a realizar una actividad escolar. Por motivos éticos, personales y burocráticos, no puedo revelar mayor información sobre el hecho.

Pero lo que sí puedo revelar, y lo importante de ese día, fue la actividad que realizamos, y que al final, me dejó una reflexión importante.

Explico: la dinámica consistía en imaginar que el fin de la tierra se acercaba, que existía la posibilidad de salvar a cuatro de cinco personas (un agricultor, un profesor, un científico, un estudiante y una mujer embarazada) gracias a una nave espacial que los llevaría a otro planeta.

Obviamente, se trabajó con equipos de 5 estudiantes, que tenían que asignarse un personaje y posteriormente defender su derecho a ocupar un lugar en esa nave. Después del debate, tenían que seleccionar (ya fuera por común acuerdo o democráticamente) quién se iba a quedar en el planeta y resignarse a morir en él, mientras los demás se iban a colonizar nuevos mundos.

La actividad estaba planeada para una duración de 10 a 15 minutos (esperando que tardaran más de lo estipulado; después explicaré por qué), sorprendentemente ¡el equipo sólo tardó 5!… Mi primera impresión fue, que existía un miembro no deseado del equipo con el que todos se ensañaron y por unanimidad decidieron dejarlo. Estaba decidido a intervenir si ese era el caso, porque me interesaba más conseguir argumentos, que conocer al “sin amigos”.

Me sorprendí al descubrir que cada uno de los integrantes sí tenía por escrito su argumento, defendiendo su lugar; y que fue el científico quien decidió permanecer en la tierra y “sacrificarse por sus compañeros”.

Motivo por el cual, me olvidé de los argumentos de defensa del resto de la pandilla, ahora sólo me interesaba saber por qué el científico había decido quedarse. Así que pedí al grupo, excepto claro al científico, que escribieran por qué debería quedarse él.

Mientras lo hacían, me puse a leer lo que había escrito el susodicho. Textualmente:”porque puedo aser el mundo o… construir máquinas” (sí; “aser” sin h; es parte de la economía del lenguaje… la h es muda ¿no? que más da que la marginemos).

Los compañeros rápidamente terminaron lo que les pedí, y Textualmente escribieron: “el científico… se va a sacrificar por nosotros… se va a quedar para hacer experimentos, se queda porque quiere construir máquinas… se queda porque quiere construir el mundo otra vez”

Era obvio que el científico ya había compartido su respuesta, y que tal vez, sin comprenderlo, sus compañeros apoyaban su propuesta.

Todo lo descrito anteriormente, como ya había mencionado, se realizó en poco más de 5 minutos. Me sorprendió porque cuando realizamos esta dinámica en la ¡Universidad!, nadie quería ceder un palmo, todos querían defender “su derecho a sobrevivir”. Además nos tardamos alrededor de media hora debatiendo y discutiendo, para al final desterrar al “profesor”, porque entre otras cosas, no lo considerábamos útil y porque había sido el que menos se defendió; de hecho, a veces lo defendía otro integrante.

Y aquí es donde me surgió la reflexión… aquí porque en el momento de realizar la dinámica, e incluso, después de dar por terminada nuestra participación (porque olvidé mencionar que fui acompañado por una compañera de la FES Acatlán) me fui pensando que para justificar mi trabajo ante el profesor, el argumento sería: “Profesor, si el chico quiere quedarse, ¿qué puedo hacer yo?”.

¡Qué egoísta!… pensar que después de que un grupo de estudiantes; estudiantes como yo, tal vez de un grado escolar menor, pero a final de cuentas estudiantes. Me ayudaron a terminar mi tarea, yo iba pensando en como justificar mi tarea, en lugar de agradecerles de corazón (porque lo hice por protocolo) por las facilidades y por compartir sus ideas.

Ahora pienso que ese niño, más que no atender a mis indicaciones, lo que hizo fue darme una lección de humildad… recordando que entre universitarios, todos tratábamos de competir contra todos, desacreditando al rival, como dice el dicho: “no jugamos por ganar, jugamos por chingar al otro”.

Una lección de perseverancia, de no darse por vencido. Pero de una perseverancia diferente de la que generalmente aplicamos día a día. Es esa perseverancia de seguir en pie de lucha aún cuando se dice que no hay esperanzas.

Digo, por ejemplo, (estudiantes) cuantas veces no alegamos con algún maestro por alguna calificación, incluso suplicamos por ella, y si logramos conseguirla nos decimos: “¡fiu!… el que persevera alcanza”. Considero que este tipo de perseverancia está mal. La verdadera perseverancia (siguiendo el ejemplo del niño de primaria) sería: “Bueno, no obtuve la calificación que esperaba, sólo el maestro sabe por qué… pero le demostraré que a partir de este momento puedo hacer trabajos mejores para ganarme la calificación que deseo”.

Pero creer que perseverar es estar discutiendo por cosas que creemos que por derecho nos pertenecen, es algo que como mexicanos, traemos por “herencia cultural”; hasta en la política lo vemos, en la casa, en la iglesia, incluso en los deportes cuando se quejan del arbitraje.

Sobre este último punto, yo quisiera preguntarles a todos los que practican un deporte: ¿qué es mejor, decir, fracasamos por culpa del árbitro, o, ganamos a pesar del árbitro?

Así veo a este chico: Planteándose la duda ¿realmente qué es mejor, que digan “aquí corrió que aquí quedó”, o que digan “aquí rifó que aquí rajó”?… cada quien lo sabe, depende también de su personalidad.

Ya para terminar, recapitulo: Hay tres reflexiones importantes que surgieron de la dinámica. La primera, ¿qué es la perseverancia?. La segunda, realmente luchamos por lo que merecemos, o luchamos por lo que creemos merecer (que no es lo mismo, pero es igual). La tercera, que clase de personas somos, las que damos la vuelta a los problemas, o las que le hacen frente aunque otros digan que no hay solución.

22/abril/2010 Posted by | Extraescolares | | 1 comentario