TECNOESPACIO

Expresión y tareas

Otro triste ensayo de Psicología

¿Por qué el ser humano se comporta diferente como parte de una muchedumbre que estando solo? Para responder, hay que empezar por definir que existen diferentes tipos de muchedumbres, y que dependiendo de a cuál se esté refiriendo, se obtendrá la respuesta.

Según Sprott y Young, existe la muchedumbre como tal, y el auditorio, que es una muchedumbre institucionalizada. El primer tipo, puede ser por ejemplo una comunidad que reacciona ante la agresión de un presunto violador; el segundo tipo, que es el que se pretende analizar a continuación, podría ser la tribuna de un estadio, los asistentes a un concierto, un mitin político o una obra de teatro.

Dentro de esta última clasificación caben diversos tipos de auditorio, que también pueden clasificarse. Una forma es por su si tipo de conducta; pueden ser (a) activos y (b) pasivos. Otra forma es por el objetivo que persiguen; ahí diferenciamos los (1) informativos, (2) recreativos y (3) conversionales.

Por su tipo de conducta, tenemos que: los auditorios pasivos son, por ejemplo, los teatros, donde el público espera que el actor termine su actuación para aplaudirle o hacer alguna otra cosa; en cambio, los auditorios activos son aquéllos que actúan con, sin y a costa del dirigente, por ejemplo en un mitin político, desde antes que llegue el orador la gente ya está lanzando consignas, y mientras el orador habla el público también grita, aplaude y agita sus banderas.

Por el tipo de objetivos que persigue. Los auditorios informativos, son por ejemplo los que se crean en las plazas, donde un actor empieza a hacer cualquier cosa y la gente se acerca para saber qué está pasando; algunos mítines también son informativos. Los auditorios recreativos son aquellos donde la gente sabe a qué va y lo único que busca es entretenerse; un teatro es un buen ejemplo. Finalmente, los auditorios conversionales, son a los que la gente asiste buscando ser convencida de lo que el dirigente va a decir, por ejemplo una celebración religiosa.

En este caso, se analizará un auditorio activo y de entretenimiento, es decir, al auditorio que asiste a los estadios de fútbol, más concretamente, al Estadio Azul.

Partiendo del supuesto que no todos los auditorios son iguales, es por lo que se especifica puntualmente el lugar y el tipo de auditorio que ahí se reúne. La gente que asiste al estadio Azul, no tiene las mismas razones que la gente que asiste al Azteca, y aunque así fuera, ni siquiera el ambiente es igual. Pero en esta ocasión no se especificarán esas diferencias, sino que se intentarán explicar un par de cosas. Primero, ¿por qué la gente asiste al estadio azul?, y a partir de eso ¿por qué el individuo se comporta de diferente manera estando solo que estando en grupo?

Hasta este momento se tiene el perfil del auditorio, pero no el perfil de las personas que lo componen. Como no es posible hablar de todos y cada uno de los asistentes, se utilizará la imagen de dos “hinchas” del club: Víctor y Ana.

Sprott y Young, ya ayudaron a diferenciar los tipos de auditorio que existen y a clasificar al estadio de fútbol dentro de un tipo particular. Para hablar de las personas como individuos, se dejará de lado a estos autores y ahora se pasará a Freud, que explica el por qué la gente asiste a un lugar y se deja influenciar por ciertas ideas y personas, a través de un esquema en 3 etapas.

Habrá que empezar con el caso de Víctor, empleado y habitante de una colonia popular de la delegación Benito Juárez. Su etapa de identificación no supuso mayor problema, porque en su familia todos apoyaban al equipo; sus figuras de autoridad lo llenaban con los símbolos del equipo y él se fue adaptando a ellos. En su etapa de introyección, para que él realmente se adjudicada la “ideología” del equipo, tuvo que asistir al estadio y fue ahí donde “comprendió” que irle a Cruz Azul es mucho más que decir que uno es fan de tal equipo, e inició a llenarse de todo lo que fuera parte del club. A partir de esto llegó a su etapa de proyección, con lo que comenzó a asistir a todos los partidos del equipo como local y a utilizar los colores para “demostrar” que era un verdadero aficionado del Cruz Azul.

Con Ana no sucedió exactamente lo mismo. Para empezar ella es estudiante y vive en una “exclusiva residencial” de la delegación Álvaro Obregón. En sus primeras etapas ella estaba identificada con el Cruz Azul y el Guadalajara; la mayoría de su familia apoyaba al club tapatío, y otra pequeña porción apoyaba al equipo capitalino. Fue hasta que apareció una figura rebelde de la familia: el primer tío que decidió que ya no apoyaría más al Guadalajara y que su equipo sería Cruz Azul, así el tío también se convirtió en un elemento de identificación para Ana, al introyectar toda esa rebeldía, también el equipo pasó a formar parte importante de sus ideas. Ahora, en su etapa de proyección, asiste a casi todos los partidos de Cruz Azul, aunque juegue de visitante, y a vestir casi siempre con ropa de ese color.

Estas dos personas asisten a la misma sección del estadio, la cabecera local (lugar de la Barra), una de las más baratas. Se mencionó la ocupación y la zona en la que habitan, porque es importante señalar, que al menos en los auditorios, las condiciones económicas y sociales no influyen en la conformación y comportamiento del grupo. Cualquiera puede ser parte del público y mezclarse con distintas personas de distintos niveles socioeconómicos.

Hasta aquí, la teoría de Sigmund Freud ha permitido explicar ¿por qué la gente apoya al Cruz Azul? Cada individuo por razones personales, pero en general por la evolución de la identificación-introyección-proyección. Lo que todavía no se ha explicado es ¿por qué esta gente asiste a los estadios?, y todavía más importante, ¿por qué personas trabajadoras y humildes o estudiosas y de “buena familia” se comportan de diferente manera a cuando no están en el estadio?

Con la ayuda de Freud, se podría explicar, por qué cada una de las personas que asiste al estadio se identifica con el equipo. Pero hay quienes asisten al estadio para observar el juego en directo porque creen que es más emocionante que por televisión, hay otras personas que asisten por simple rebeldía, quienes asisten para gritar y así desahogarse de la rutina de la semana sin importar el marcador del partido, quienes asisten a observar el comportamiento de las tribunas o a buscar un sitio donde bailar o usar cierto tipo de vestimentas, sin sentir vergüenza. Por qué esta gente asiste al estadio a hacer todas estas cosas y no va, por ejemplo, a un concierto, una plaza o a un mitin político, es algo que no puede explicar Freud.

Entonces se tendrá que recurrir a lo que describe George Mead: El “yo” consciente y el “mi” social. La gente busca donde tener o satisfacer ciertas experiencias, como las que ya se mencionaron en el párrafo anterior. Parafraseando un poco a Mead, un persona elegiría ir a un estadio porque: busca aflorar su “yo” sin permitir que se deteriore el “mi” o construir un “mi” diferente a lo que él considera su “yo”. En  ambos casos, se busca un lugar de proyección.

En pocas palabras, cada uno de los individuos que se juntan en un auditorio, de cualquier tipo, serán guiados a él por diferentes razones, pero se comportaran como una “masa psicológica”, por lo que Pablo Fernández denominó “autotema”; cada espacio habla de sí mismo.

Aunque cada uno de los individuos busque satisfacer alguna necesidad, la única manera en la que podrán hacerlo es a través de lo que dictan las reglas de ese lugar. Por eso algunos prefieren el estadio, otros el mitin, o algún otro auditorio, porque las reglas del lugar son más flexibles para que realicen lo que desean.

Digamos que por ejemplo, la persona que quiere mandar el mensaje “a pesar de lo que otros crean no me considero superior a otras personas”, no lo puede hacer diciéndoselo a cada uno de los asistentes (además no es un mensaje para todos), en este caso, al asistir a la zona barata y pertenecer a la Barra está mandando el mensaje, y si a eso le agregamos que durante el partido bebe cerveza y grita igual que cualquier otro… El otro caso podríamos verlo así: en lugar de decir “En esta semana me ha ido mal y quisiera que a ti también te fuera mal”, en cada oportunidad que un jugador toca el balón, silva, se ríe o hace algún gesto de los mismos que caracterizan a la Barra, pero con más intensidad que algunos otros de sus compañeros que sólo lo hacen por sentirse parte del grupo.

Y supongamos que al final del partido la Barra visitante está esperando a la local para el pleito, ellos dos y muchos más entrarán al pleito. Cada uno por sus motivos característicos, pero todos con un mismo proceder, lo cual hace pensar que cada individuo inserto en una masa se comportan igual a los demás por el contagio mental, cuando en realidad, lo único que sucede, es que el individuo ve una oportunidad de aflorar el “yo” sin que se degrade el “mi”.

Ahora que se han respondido las preguntas planteadas al inicio, se puede comprender con mayor claridad el actuar de las “muchedumbres”, pero aún queda a discusión si esta forma de proceder hace que el individuo y en general la masa, sea estúpida o no.

Porque por un lado podría pensarse que es estúpido proceder de esa manera habiendo otras opciones. Por otro, podría pensarse que no lo es, porque para actuar así se tienen que meditar los pros y los contras y dependiendo del balance actuar, usar la razón pues. Lo cuál no se argumentará porque hasta aquí se ha cumplido el objetivo y esa discusión parece no tener solución.

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28/mayo/2010 - Posted by | Escolares |

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