TECNOESPACIO

Expresión y tareas

Carta a mis Queridos Padres

Hola mamá y papá:

Perdón por romper la ventana; no sabía de que otra manera llamar la atención. Hace tanto que quiero decirles algo, pero ustedes no me escuchan; me ignoran; me tratan como un loco; y lo peor del caso… me tienen miedo.

Hoy es la fecha límite para que lo sepan todo. Hoy…  porque mañana será muy tarde., porque mañana ya no estaré con ustedes… al menos no como me conocen hasta ahora.

Diez años han pasado, o tal vez, 10 minutos falten para que ocurra, no lo sé. Sólo sé que antes o después de que terminen de leer esta carta, yo bajaré las escaleras medio dormido y les preguntaré – ¿qué pasa? – y ustedes contestarán con la expresión seria que los caracteriza – nada hijo, vuelve a dormir – y espero que después se arrepientan y corran a evitarlo.

¿Qué quiero?… que suban inmediatamente a mi habitación y me protejan… si todavía no es muy tarde.

Quizá mientras ustedes leen estas líneas que escribí hace apenas unas horas es cuando todo sucede: quizá yo esté despertando de nuevo a causa de una luz intensa, tan intensa, que me recuerda a las mañanas cuando tú, mamá, abres la ventana y me dices – es hora de ir a la escuela -.

Primero, desperté precisamente cuando escuché romperse el cristal y pensé que había pasado algo, pero al bajar las escaleras los vi como si nada y regresé a dormir. Casi dormí inmediatamente, era cerca de la media noche, lo recuerdo porque a la media noche desperté de nuevo.

¡Yo sólo tenía 10 años!, cómo podría imaginar que esa luz no eras tú, mamá. Como podría imaginar que esa luz es producto de un fenómeno extraño de la media noche…y sé que es la media noche porque mi reloj marcaba las 00:00 hrs.

Aún recuerdo lo que pensé en ese momento – simplemente mi reloj se descompuso -, y cómo no pensar eso cuando el cuarto estaba tan iluminado como si fuera medio día. Pero me di cuenta que bien podría ser la media noche o cualquier otra hora porque al mirar la ventana el sol estaba tan cerca de la casa que por un momento pensé en el sermón del Harmaguedón que el padre Cipriano nos había leído esa tarde en la iglesia… la última tarde que fui a la iglesia, porque a partir de ese momento dejé de creer en mi religión, en todo lo que hasta entonces me habían enseñado, en todo lo que hasta ese momento conocía… incluso en ustedes…

Si hicieron caso a mi advertencia es posible que la carta ya no les interese y ahorita me estén abrazando, así como en innumerables noches soñé que lo hacían mientras estaba encerrado en una prisión… así como ese abrazo que sólo me daban en mi cumpleaños, o en navidad, o cuando sacaba alguna calificación especial. En fin, si no lo hicieron, de todas formas no puedo culparlos de lo que pasó, es decir, era algo tan impredecible que nadie se habría imaginado que pasaría… o al menos no en nuestra familia… o al menos no en nuestra sociedad… o al menos no en lo que ustedes me enseñaron que era la realidad.

Para ser sinceros, yo no recuerdo exactamente lo que pasó. Recuerdo la ventana, recuerdo la luz intensa, tan intensa como el sol pero que no quemaba; era como una luz fría, como esas que traen los camiones, esos a los que no quieren subirse porque son muy ruidosos. Yo hubiera preferido un camión ruidoso a aquel lugar extraño y silencioso donde pasé 5 años de mi vida.

¡Cinco años!, que empezaron a partir del momento en el que fueron apareciendo unas siluetas en la ventana. Todo pasó tan rápido y tan despacio a la vez… ahora mismo recuerdo que volví a mirar el reloj y seguía marcando las 00:00hrs, cifra que permaneció en mi vista mientras nuevamente iba quedando dormido.

                De ahí en más, me recuerdo despertando continuamente llorando, esperando que en cualquier momento terminara la pesadilla y estuviera nuevamente con ustedes. Siempre rezaba – Dios, termina este mal sueño y permíteme la dicha de abrazar a mis padres – pero ni Dios ni ustedes estaban conmigo. Y así me di cuenta que ni Dios ni ustedes eran dignos de mi confianza.

                Y cuando me resigne a que todo lo que podía esperar era el fin de mi vida, a morir igual que el abuelo; aquella vez que tras darme las buenas noches se fue a dormir y al día siguiente no despertó y todos lloraron. A ese estilo de muerte, o a cualquier otro, que a mis escasos 10 años le tenía miedo, era a lo único que me atenía.

                ¡Pero no!, ahora que tengo 20 años lo comprendo… hay peores cosas que la muerte. Una de ellas es despertar cada día lejos de casa, lejos de todo lo que conozco… lejos de todo lo que un niño puede considerar un mundo seguro y feliz. De todas maneras sé que tenía que crecer, sé que tenía que sufrir… ¡pero por qué no en mi casa!, porqué no cerca de ustedes para que me orientaran, para que me ayudaran… para que me protegieran como siempre debieron hacerlo.

Lo peor de todo fue despertar en una tierra desconocida, con un idioma extraño, y un clima insoportable. Recuerdo que cuando me miré en un arroyo me dio miedo ver mi rostro, porque lo que estaba frente a mí, no era yo. No lo que conocía, no lo que yo quería…

Seguí sobreviviendo para colmo de mis males, pasaba el tiempo y yo seguía vivo, pero también con una determinación… si ustedes, malditos padres, no fueron capaces de protegerme, lo haría yo mismo, al fin y al cabo, no sé cómo pasó, pero me di cuenta de que 5 años después de haber sido arrancado de mi hogar, había tornado al mundo 5 años antes de mi secuestro. Y aunque es una cruel y estúpida ironía que me da pie para hacer lo que ustedes no pudieron, me duele que el tiempo no haya regresado.

Lamentablemente las cosas para mi no podían ser fáciles, porque ustedes, nuevamente, no me dejaron protegerme, ¡después de los cuatro largos años que tardé en regresar a mi hogar ustedes no me dejaron protegerme!… Por eso quiero advertirles que si otra vez no hicieron nada por mi, aunque no sea culpa suya los odiaré por el tiempo que me quede de vida… ¡ayúdenme!

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28/septiembre/2010 Posted by | Extraescolares | | Deja un comentario